Mientras escribo estas líneas, siento una mezcla de emociones. A los 22 años, impulsado por un simple comentario de un amigo, fundé mi primera empresa. Cuatro años más tarde, a pesar de no haber tenido éxito, la experiencia me enseñó más de lo que nunca imaginé, me permitió conocer personas increíbles y desempeñar innumerables roles. Lo más importante: me divertí.
Hoy, a los 35 años, acabamos de vender con éxito un emprendimiento. Esta vez, la empresa nació con una visión más realista: no pretendíamos cambiar el mundo, solo ofrecer un producto útil. En este proceso, afiancé mi pasión por el desarrollo de productos, la planificación y la gestión de equipos. También identifiqué claramente qué es lo que no quiero hacer.
Este post no trata sobre la transacción en sí, sino sobre las lecciones aprendidas y las emociones experimentadas. No es acerca del equipo, mis socios, o quien nos compró. Es un recordatorio personal sobre lo que quiero decirme a mí mismo la próxima vez que emprenda, porque estoy seguro de que habrá una próxima vez.
Disfruta del proceso y sé fiel a ti mismo
Conoce tus fortalezas, utiliza cada oportunidad para aprender y esfuérzate por ser la mejor versión de ti mismo.
“Vive como si ya vivieras por segunda vez y como si la primera vez hubieras actuado tan mal como estás a punto de hacerlo ahora.”
— Viktor Frankl
Sé auténtico y busca el equilibrio
Rodearte de personas que resalten tus fortalezas y señalen tus áreas de mejora puede transformar tu camino.
Recuerda equilibrar todos los aspectos de tu vida: cuida tus relaciones personales y continúa con tus hobbies.
Con la mirada hacia adelante
Es tiempo de asistir en la transición, pero con la mirada puesta en el futuro, sabiendo que deseo reencontrar la chispa de mis 22, pero con la sabiduría adquirida en el camino.
Y sobre todo, no tomes la vida demasiado en serio.
Publicado originalmente en LinkedIn Pulse en diciembre de 2023.